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martes, 23 de enero de 2018

Germán Borda: “El museo de los relojes de Viena sirvió de inspiración de la novela ‘El fabricante del tiempo”

Una vez más de la mano de viveLibro nuestro autor Germán Borda se adentra en el mundo de la novela con su libro El fabricante del tiempo un libro en el que los lectores podrán enfrentarse a la realidad del tiempo y en el que descubrirán todo el universo que está implícito en la fabricación de los relojes.

A lo largo de esta historia los lectores se introducirán en el mundo del tiempo y del reloj dentro de un hilo de fantasía dentro del museo. Ya que la inspiración para esta historia surgió del Museo de los Relojes de Viena, ciudad en la que nuestro autor vivió más de diez años.

A continuación os dejamos con la entrevista completa a Germán Boda sobre su última novela El fabricante del tiempo.



viveLibro (V): Germán, ¿cómo surge la idea de escribir El fabricante del tiempo?
Germán Borda (GB): Paseando por Viena, donde viví 10 años, de repente encontré el museo de los relojes, la visita constituyó una especial vivencia. Es como si hubieran corrido una cortina de un mundo fascinante, relojes de todas clases, tamaños, variantes, largos, achatados, rectangulares… construidos a lo largo de siglos. De sol, de arena, de espermas, japoneses; otros con enormes cadenas que ocupan un cuarto. Regresé varias veces siempre subyugado por la búsqueda del hombre por apresar el tiempo y de ahí surgieron unos relatos, de incidencias fantaseadas dentro del museo. Y luego del fabricante del tiempo, Kalhil quien obstinado crea el museo del tiempo.

V: ¿Qué van a encontrar los lectores en esta novela?
GB: Por una parte enfrentarse a la realidad del tiempo; por la otra, sus relaciones con el reloj y quizás, que descubran como yo, el universo que está implícito en la fabricación de los relojes. 

V: ¿Podemos cada uno de nosotros ser fabricantes del tiempo?
GB: En la medida en que seamos conscientes de la relaciones que tiene el tiempo con nuestra existencia y de la forma como el reloj lo patentiza de una manera cierta, aunque a veces larvada podremos ser los fabricantes de nuestro tiempo. Lo único que realmente poseemos.

V: ¿Por qué si el tiempo es algo que tenemos en nuestras manos, y en mayor o menor medida podemos manejarlo, es algo que en muchas ocasiones no valoramos?
GB: La valoración del tiempo se hermana con la duración de nuestra existencia. Hay un reloj que avanza y que no podemos detener. Ese “tictac” va marcando cada segundo que la existencia tendrá, uno menos que va concluyendo. Nos acercamos inexorablemente al final. Así, aunque no nos demos cuenta de la valoración del tiempo, internamente somos totalmente dependientes de su acontecer. Hay dos escenas en la películas de Bergman, cuando el personaje en una pesadilla ve un reloj sin minuteros; otra en que un hombre está encima de un árbol y siento que alguien lo corta, y le dicen: “Tu tiempo ha terminado” frase que es válida en ambas escenas, terriblemente impactantes.

V: ¿Qué es lo que más y lo que menos te ha costado escribir de este libro?
GB: Hay novelas que arrancan despacio, con problemas, dudas y otras que fluyen. El tema de El Fabricante del Tiempo me fascinó y me sedujo de tal forma que me arrastró. Cuando escribí el viaje a China de Kalhil en busca del reloj de los pájaros, deseaba que nunca terminara de escribirlo, que nunca saliera de la fantasía de esa quimera, me costó dejarlo, concluirlo y no seguir más, no crearlo, ni plasmarlo.

V: ¿Qué le dirías a los lectores para que se llevaran a casa El fabricante del tiempo?
GB: Independiente del ingreso al mundo del tiempo y del reloj, que ya he mencionado creo que el hilvanaje fantasioso de las situaciones dentro del museo, con muchas anécdotas, “el reloj que marcó el momento en que murió Cristo”; “otro que debe dar la hora de la muerte del que lo posea”; “el que tenía Amílcar Barca, que era su suerte en fin”. Y una invitación para ir a Viena a ver, convivir, el museo de los relojes, que es el del tiempo.

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