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martes, 20 de octubre de 2015

Cómo escribir un buen prólogo

“En un libro de cualquier clase, escrito antepuesto al cuerpo de la obra”. Lo encontramos, algunas veces, al inicio de un libro. En el caso de un prólogo para una obra narrativa, las variables son infinitas puesto que aunque un prólogo está bien acotado semánticamente, la narrativa, por definición, vive del invento. Así que la libertad expresiva es una de sus máximas y cada uno se aplica sus propias medicinas dependiendo de lo que piense que necesita.



1.- Piensa en la historia que escribirás en el prólogo. Algunas historias no son apropiadas, depende del primer párrafo del primer capítulo. ¿Da la impresión de que cuentas toda la historia? Si ese es el caso, puede que necesites un prólogo.

2.- Escoge a los personajes del prólogo. No incluyas a los personajes principales; puedes incluir a los antagonistas, villanos, guardianes, aliados o héroes, o a ningún personaje. El prólogo puede ilustrar un evento dramático de la historia, como un desastre.

3.- Considera el lenguaje. Es una forma de mantener interesado al lector. Si estás escribiendo sobre algún evento en específico debes investigar al respecto. Escribe el prólogo como si estuvieras escribiendo un libro de historia. Puedes comenzar describiendo el lugar en el que se lleva a cabo la escena, y el antagonista puede relatar sus planes para destruir el mundo. Escribe una parte de la historia.

4.- Considera la longitud del texto. Puede ser largo, o de una página o dos. Si vas a escribir una escena debes hacerlo un poco más largo.

5.- Debes ser consistente con el tono. El tono es la forma en la que el narrador cuenta la historia.

Todos estos puntos los debes tener en cuenta si quieres hacer un prólogo más narrativo y propio, pero no son las únicas opciones que hay. Puede ser que el autor conozca a una persona con relevancia y coloque un prólogo expresamente y sólo para que todo el mundo sepa que ese señor o señora se ha leído su libro y le ha gustado; o puede que el prólogo lo escriba un famoso autor, o un famoso, a secas, y cobre por ello. Al igual que en la opción anterior, el autor tendrá que decidir hasta qué punto le merece la pena.

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