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Muchas historias de éxito comenzaron con la autoedición,
¿por qué no das el primer paso y empiezas la tuya?

lunes, 23 de febrero de 2015

No desesperes

Por Raúl Amo, sígueme en Twitter

Siempre soy yo. Siempre intento ser sincero conmigo mismo y por consiguiente con los demás. Pero hoy, el artículo que escribo esta semana, creo que es el más sincero de todos. Me siento… 



UNA VERDAD INCÓMODA

Me siento, agotado, fastidiado, bastante negativo y por momentos, se me pasa la idea de abandonar todos mis proyectos, incluso el de mi primer libro publicado El secreto de la casualidad... y tirar la toalla.

No es una cuestión de “un día gris” o malo, es mucho más profundo. No se trata de que alguien o algo ha afectado, no lo es. Ni ninguna situación en concreto. Es todo y es nada. Me siento tan lleno, pero a la vez tan vacío. Es una sensación extraña, voraz y dolorosa. A veces, mi mente me lanza esos terribles pensamientos, que hacen que se cree un seísmo interno. Un terremoto dentro del alma.

Cuando cada día abres los ojos; solo el simple hecho ya de abrirlos, debería ser algo majestuoso y feliz. Pero a cada paso que das (lo que oyes, lo que ves, lo que sientes…) está cada vez más infectado y corrompido y te preguntas: ¿qué diablos haces Raúl?, ¿qué vas a cambiar tú? Y te empiezas a empequeñecer, cada vez más y más y más…hasta que eres como una minúscula mota de polvo. Insignificante.

Y te autorrealizas la pregunta más dura y existencial: ¿cómo una mota de polvo va a cambiar algo?, ¿cómo vas a mejorar tu vida?, ¿tu vida en un mundo tan diminuto, como va a mejorar a los demás?, ¿cómo vas a conseguir tus sueños?

EL ALMA AL AIRE

Y es en ese oscuro y profundo, muy profundo pozo; cuando te das cuenta de la fuerza con la que late tu corazón. Como respira profundamente tu alma, llenándose y filtrando el aire puro, recogiendo los destellos de energía. Cómo se empieza a erizar tu piel (es tuya)… y es en ese punto en el que estas arrodillado, con la cabeza agachada, con lágrimas en el pecho; en ese preciso instante, en el que no sabes porqué; levantas una pierna, te apoyas.

Coges fuerza, respiras hondo y tu corazón te empuja hacia arriba. Te levantas, erguido, en pie; y no sabes por qué causa piensas en todas esas personas que no han tenido la opción ni siquiera de poder levantarse. Sientes más que piensas. Ahí, tomas consciencia del respeto y honor que les debes a todas esas almas, que por una circunstancia u otra, no pudieron luchar y conseguir sus sueños.

Tu voluntad y responsabilidad es esa. Por ellos. Por ti. Te armas de valor, y llega el momento en el que escribes para los demás. No para la “gente”, sino para esa alma que te lee y se identifica con estas letras, porque alguna vez sintió esa sensación de rendición, pero sigue caminando. Para esa persona en la que se encuentra en ese pozo casi infinito. Unas palabras derramadas por la fuerza del corazón. Del mío. Del tuyo.

Una voluntad infinita, agarrada en el alma. En las nuestras. En las de todos. Es en ese momento en el que das un paso, y otro. Y uno más. Sonríes, porque ya nada ni nadie te va a parar en la conquista de tus objetivos, tus sueños. Ni tu mismo te puedes parar. Eres mágico. Eres especial. Eres infinito.

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