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jueves, 26 de diciembre de 2013

El auge de los Clubes de Lectura en Cataluña

Son muchas las personas que piensan que una actividad tan solitaria como la lectura, compartida puede ser mucho mejor. Lo dicen las pocas cifras exactas de las que disponemos, y lo corrobora lo que podemos descubrir con un poquito de curiosidad y un buscador de internet: en 2013 han funcionado más de 300 clubes de lectura en las bibliotecas de la red de la Diputació de Barcelona, en los que han participado más de 7.000 personas.

Y los números se disparan cuando constatamos que muchísimos colegios e institutos, centros cívicos, asociaciones de vecinos, librerías de toda la vida y de nuevo cuño e incluso bares también han organizado encuentros para poner en común las emociones y reflexiones suscitadas por un libro. Los hay para todos los públicos o para franjas de edades muy concretas, algunos en los que el género es lo fundamental y otros en los que no es más que un accidente, centrados en un área temática o abiertos a cualquier tema... Tantos como intereses tengan quienes los organizan y quienes los disfrutan. Pero todos comparten un objetivo: que la gente lea más y mejor.

"A mí lo que más me satisface de haber puesto en marcha estas sesiones mensuales es haber conseguido que gente que a lo mejor leía un libro al año ahora lea al menos 11", explica Fe Fernández. Ella es la propietaria de la librería L’Espolsada, en Les Franqueses del Vallès (Barcelona), y la artífice de un club de lectura que ha logrado, sin más medios que el trabajo y el entusiasmo de esta traductora reconvertida en librera, que reputadísimos escritores, editores y traductores hayan hecho un hueco en sus apretadas agendas para compartir una velada con ella y sus incondicionales. 

Lo han hecho, y más de una vez, autores como Jordi Puntí, Màrius Serra, Blanca Busquets, Marina Espasa y Eduard Márquez y miembros del "star system" de la edición independiente como Enrique Redel (Impedimenta), Luis Solano (Asteroide) y Valeria Bergalli (Minúscula). Y se dispone a hacerlo Gerbrand Bakker, ni más ni menos que el ganador del Premi Llibreter 2012, uno de los galardones más prestigiosos de Catalunya, ya que no responde a los intereses de ninguna editorial, sino al criterio de los libreros. Con su último libro, "Diez gansos blancos", acabado de publicar por la editorial barcelonesa Rayo Verde, va a enfrentarse a una treintena de lectores atentos que han diseccionado minuciosamente su novela. Hay emoción por conocerle.

Adaptación del espacio

"Yo fui miembro del jurado que le dio el Premi Llibreter. Y hoy hace justo un año, y eso se lo quiero decir, dedicábamos la sesión del club al libro con el que lo ganó: "Todo está tranquilo arriba". ¿Quién me iba a decir a mí que un año después lo tendría aquí sentado?", exclama Fernández mientras acondiciona la librería, con la ayuda de Remei y Marta, las primeras lectoras que han desembarcado en L’Espolsada. Hay que apartar mesas y estantes para despejar parte del espacio y formar el gran círculo de sillas plegables en las que se sentarán los miembros del club. Aquí todo el mundo se arremanga. A medida que van llegando los participantes, se suman a la tarea de transformar la librería en ágora, entre efusivos saludos, relatos de las últimas novedades vitales y preguntas por los que aún no han llegado. Son más que compañeros de lecturas: han surgido amistades.

"Se ha creado un clima muy especial. Eso es lo que tiene el negocio de proximidad, que acabas haciendo una pequeña familia", dice la librera. "Librera de cabecera", como la llama Joan, uno de los tres hombres del club –"muy buenos lectores y muy fieles, pero solo tres", apostilla Fernández–. "Prescriptora", la define Laura Huerga, la editora de Bakker, que es parte fundamental en la sesión. De ella surgió la idea de incluir este acto en la minigira promocional de tres días que le ha montado al escritor holandés, con itinerario Barcelona-Madrid-Granollers-Les Franqueses. "Pues la verdad es que no recuerdo cómo surgió la idea –dice Huerga–. En el contacto del día a día con los libreros siempre nacen proyectos. Debió de surgir en alguna conversación...".

La relación entre Huerga y Fernández es el mejor ejemplo de algo que esta última considera fundamental para el éxito de clubes de lectura como el suyo: la complicidad entre editores y libreros. "Cuando empecé, en 2007, me sorprendió ver que los dos colectivos nos dábamos la espalda, cuando vamos en el mismo barco. Pero en este tiempo, supongo que por la crisis, muchos editores han empezado a ser conscientes de que nos necesitamos, y se han puesto a nuestra disposición para llevar a cabo actividades como esta. Y eso es muy positivo para ellos, porque sus editoriales se convierten en una referencia para los miembros del club, que a veces compran sus libros simplemente porque llevan su sello. Para ellos, es una garantía. Y eso solo se consigue estableciendo esta complicidad", dice Fernández.

Reflexiones en común

Son ya las ocho y, aunque estaba previsto que el club de lectura empezara a esa hora, la presentación previa del libro de Bakker, en Granollers, se ha alargado, y el autor tardará aún media hora en llegar. Hay un cierto alivio por ese tiempo ganado: la sesión será en inglés, y los participantes se han organizado en grupos para poner en común sus reflexiones. En cada uno de ellos hay alguien con suficiente dominio de esa lengua para formular una pregunta colectiva al escritor. De todos modos, les dice Fernández, no se tienen que preocupar: tanto ella como la editora de Bakker traducirán todo lo que sea necesario.

La actividad bulle en cada uno de los grupos. Circulan libros subrayados, notas, comentarios. Todos han leído la novela, salvo dos mujeres que se han colado en uno de ellos, atraídas por el ajetreo que se veía a través de los cristales de la librería. Estaban paseando al perro y se han decidido a entrar. Aquí todo el mundo es bienvenido. "¡Eh, esa pregunta la íbamos a hacer nosotros!", protesta un grupo entre risas. "Va, venga, que se nos va a echar el tiempo encima y no vamos a tener nada en condiciones...", dice otro.

La puerta de L’Espolsada se abre y aparece por fin Gerbrand Bakker acompañado del equipo de Rayo Verde. Hay un aplauso espontáneo y un trajinar de sillas para formar el gran círculo que permitirá que todos se vean las caras mientras hablan. El éxito de asistencia ha sido tan grande que algunos miembros del club, formado por 35 personas, tienen que sentarse en sillas de la zona infantil que apenas levantan dos palmos del suelo. Al escritor y su editora les han reservado las butacas de honor. Fe Fernández se sienta en un taburete, del que se levanta para hacer la presentación y explicar a Bakker qué son las palabras que se pueden leer en una pizarra. "Le he pedido a cada uno de los asistentes que me mandara un correo con la palabra que le ha sugerido la lectura del libro. Esta lista es el resultado", dice.

Pasión por su trabajo

Así ha querido trabajar la obra de Bakker. Cada uno de los 11 libros que elige para el club cada año, desde hace ya cinco, tiene su propia documentación y metodología de trabajo. Se nota que lo que hace la apasiona. "Solo propongo libros que realmente me hayan seducido. Si tengo que movilizar a los lectores, necesito que el libro me haya movido a mí. No podría incluir un libro por compromiso. No sabría defenderlo. Y sentiría que estoy fallando al club", dice.

"Gerbrand parece muy serio [es cierto: lo parece], pero no le tengáis ningún miedo", anima Huerga a los asistentes. Y le hacen caso: las preguntas se suceden a buen ritmo. ¿De dónde viene el título? ¿Por qué siempre esas ambientaciones opresivas? ¿Es un escritor metódico? ¿Le gusta la soledad? Está agotado por los tres días de promoción, pero se le ve contento, gratamente sorprendido del interés de la audiencia, y se va soltando poco a poco. Y su editora tenía razón: no hay que tenerle ningún miedo. No tardan en llegar las carcajadas.

Entrada la noche, el auditorio ha puesto 'Diez gansos blancos' del derecho y del revés, y el aroma del embutido artesano y las croquetas caseras ha engullido la discusión literaria. Con el intelecto colmado, es el turno del estómago. Mientras Bakker dedica libros, se descorchan las primeras botellas. No todos los clubes de lectura acaban en batir de mandíbulas, pero sí que acaban todos, con vino o sin él, con un brindis por la salud de la buena literatura y de los que de verdad la aman.

Fuente: El Periódico

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