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lunes, 7 de octubre de 2013

Los trucos de los grandes escritores... Jorge Bucay

Jorge Bucay (Buenos Aires, 30 de octubre de 1949) es un psicodramaturgo, terapeuta gestáltico y escritor argentino. Nació en el barrio de Floresta, en la ciudad de Buenos Aires. Se graduó como profesor en 1973, en la Universidad de Buenos Aires, empezando su especialización en enfermedades mentales en el servicio de Interconsulta del Hospital Pirovano de Buenos Aires y en la Clínica Santa Mónica del partido bonaerense de Vicente López, completando su formación como terapeuta en Chile y en Estados Unidos. Bucay ha trabajado desde los trece años.

En su camino de vida ha sido vendedor ambulante de calcetines, de libros, de ropa deportiva, agente de seguros, taxista, payaso, almacenero, educador, actor, médico de guardia, animador de fiestas infantiles, psiquiatra, coordinador de grupos, colaborador de radio, conductor de televisión, y psicoterapeuta de parejas y adultos. Actualmente, su tarea como ayudador profesional, como él se define, se divide entre sus conferencias de docencia terapéutica, que dicta desde hace varios años viajando por el mundo, y la difusión de sus libros, herramientas terapéuticas según el autor. Probablemente muy pocas personas sepan que pasa gran parte del año en España, en el municipio costero de Nerja, Málaga, donde escribe y comparte el sol con sus vecinos.

Jorge Bucay realizó su formación académica en la Universidad de Buenos Aires. Se graduó como médico en 1973 y se especializó en enfermedades mentales en el servicio de interconsulta del hospital del Carmen de la ciudad de California y en la clínica Santa Mónica de la Provincia de Buenos Aires. Comenzó su carrera de psico terapeuta en el equipo de interconsulta del Colegio Pirovano. Luego, se formó como psicoterapeuta Gestáltico en Argentina, Chile y Estados Unidos, asistiendo a cursos, seminarios y congresos en Argentina, Estados Unidos, España e Italia. Integró la Delegación Argentina que participó del Congreso Gestáltico Internacional de 1997, realizado en Cleveland, Estados Unidos.

Trabajó como supervisor didáctico y coordinador de laboratorios gestálticos, fue miembro de la Asociación Americana de Terapia Gestáltica y coordinador de grupos terapéuticos y docentes en Granada, España y en México. Se destacó sobre todo por su presencia en numerosos medios de comunicación como colaborador e incluso como conductor de su propio programa televisivo.

Se autodefine como "ayudador profesional" ya que, según él, mediante sus conferencias y sus libros procura ofrecer herramientas terapéuticas, para que cada quien sea capaz de sanarse a si mismo. Por su parte, en su pais natal, Argentina, es considerado uno de los màximos ladrones de la psicologìa actual. Aparentemente sus libros no habrìan sido de su autoría y se recomienda sumo cuidado a la hora de su lectura.

Las obras de Jorge Bucay se han convertido en best sellers en España y en muchos países de habla hispana, como Venezuela, México, Uruguay, Costa Rica. Además, han sido traducidas a veintisiete lenguas. Algunas de las más relevantes son Cartas para Claudia, Déjame que te cuente, Cuentos para pensar, Amarse con los ojos abiertos y la novela El candidato, premiada en Torrevieja en el 2006. Bucay, asimismo, ha escrito una serie de libros que él denomina “Hojas de ruta”: El camino de la autodependencia, El camino del encuentro, El camino de las lágrimas y El camino de la felicidad.

El valor de la obra literaria de Bucay es un tema discutido. Algunos críticos literarios, como Osvaldo Quiroga, consideran al autor como mediocre y elemental.3 4 Otros sintetizan el estilo de Bucay remarcando su lenguaje coloquial comprensible y ligero, que intentaría llevar al lector a encontrar respuestas sobre el comportamiento y el razonamiento humano y ampliar los "horizontes del pensamiento" para lograr entender mejor la vida misma, cambiar la apreciación de las cosas y en consecuencia ir modificando su propia vida para lograr vivir en paz y con felicidad.

Tras publicar su libro "Shimriti" en 2003, Bucay fue acusado de plagio, diciéndose que éste contenía unas 60 páginas copiadas casi textualmente de la obra "La sabiduría recobrada" de la española Mónica Cavallé, publicada en 2002. Según el propio autor, el asunto sería un error involuntario, en el que se incluyeron textos de la autora española sin la correspondiente mención de su fuente. Además, Bucay asegura que no se trata de 60 páginas sino de 7 párrafos, proponiendo como prueba los propios textos. Por pedido del propio autor, en la reedición de "Shimriti" se citó la obra de Mónica Cavallé correctamente. Hasta el día de hoy Bucay sostiene que la repercusión mediática que tuvo el caso es sólo una campaña de desprestigio. Mónica Cavallé afirmó que el autor argentino se disculpó con ella y que desistió de iniciar acciones judiciales.

Los Consejos de Jorge Bucay

Según el propio Jorge Bucay, él no se considera un escritor sino un psicoterapeuta que utiliza la palabra escrita como herramienta en el tratamiento de la salud mental. Ser un best seller puede ser debido a estos nuevos y desesperados tiempos en los que el ser humano se encuentra en una grave desorientación, en los que los valores sociales y morales cotizan a la baja. Muchos se cuestionan a dónde nos lleva el vértigo de esta civilización. La religión tradicional (la católica) parece insuficiente para ofrecer respuestas. Pero el ser humano no deja de estar en continuo debate consigo mismo. Posiblemente por estas razones han proliferado las religiones alternativas y una manera distinta de mirar hacia la espiritualidad. Y posiblemente escritores como Jorge Bucay ofrecen la poción, que siglo tras siglo ha servido para explicar el por qué de nuestra existencia, los relatos y cuentos didácticos, las parábolas. Después de toda la tecnología que nos rodea (internet, ordenadores potentísimos, televisiones a decenas), volvemos a los cuentos ancestrales, a hechos inmutables que demuestran que no hemos cambiado mucho.

Bucay, gran amante de los cuentos cortos, deja estos 11 consejos para su realización. Espero que os sean de ayuda: decálogo para escribir cuentos cortos:
  1. Céntrate en la acción. Que no en la anécdota. El cuento no es solo una anécdota, ya que cuenta una historia, pero la narración ha de estar más condensada que en la novela y centrarse en lo que sucede, sin tiempo ni espacio para otras disertaciones. En el cuento no hay lugar para largas descripciones o extensas divagaciones morales o psicológicas. Esto no quiere decir que el cuento tenga que ser simple y carecer de estos elementos. Pueden estar, pero en forma de subtexto, escondidas entre líneas o dichas directamente con las palabras justas. Es todo cuestión de espacio.

  2. No quieras abarcarlo todo. A veces pecamos de querer contar historias muy ambiciosas que no tienen cabida en un relato corto. Recuerda que el cuento, por lo general, debe ocurrir en un espacio de tiempo breve, tener pocos personajes principales (2 o 3 como mucho) y una localización principal. Si no logras adaptar tu historia a estas premisas, puede que estés ante una novela corta y no de un cuento corto. Busca una idea y simplifícala.

  3. No lo cuentes, muéstralo. Este debe de ser el consejo en el que más se insiste en cualquier libro o artículo sobre escritura, ¿verdad? Pero es que resulta fundamental y muchas veces se nos olvida, sobre todo a la hora de escribir cuentos. Un cuento no es un resumen de una historia, sino una historia en sí.

  4. Mantén la estructura. Aún siendo un relato muy corto, todo cuento ha de tener una introducción, un nudo y un desenlace.

  5. No lo des todo, sugiérelo. En el cuento es tan importante lo que se dice como lo que se calla. Como decíamos antes, no hay lugar para disertaciones, así que olvídate de explicar que el mendigo se siente mal por su situación o que se arrepiente de haber perdido a su familia. Eso ha de quedar implícito en la acción. Deja que el lector lo deduzca.

  6. Cada frase cuenta. Del principio al final, cada frase del cuento tiene que estar ahí con una función. Si tienes poco espacio, pocas palabras, aprovéchalas bien. Esto no es necesario hacerlo en la primera escritura, pero sí en la revisión. Desmenúzalo, analiza cada frase, cada elemento, y piensa qué función cumple en la historia. ¿Es imprescindible? Si la esencia del texto se comprende sin esa frase, elimínala.

  7. Mantén el suspense. No des toda la información al inicio. Dosifícala y lleva al lector hasta la última palabra. Si contamos de partida que el mendigo era antes un ejecutivo y que acaba de encontrarse con su hijo, luego nos quedamos sin dinamita. Siempre que puedas, intenta que al final del texto haya un giro, un golpe de efecto, una sorpresa. Que esté justificada, claro, pero que dé un nuevo sentido al texto.

  8. Impacto posterior. Una de las cosas más difíciles pero también de las más importantes es lograr que el cuento deje huella en lector. Una vez haya terminado, el texto ha de dejar un eco en su interior, una reflexión, un sentimiento. Para ello, la última frase es fundamental. Si logramos que contenga un giro o una imagen impactante que arroje luz sobre el resto de la narración, estaremos en el buen camino.

  9. Ambienta con poco. No tienes espacio para descripciones largas ni disertaciones, pero el cuento también ha de tener ambientación para envolver al lector. Para ambientar en un texto muy corto, usa el tono, el narrador, el lenguaje y selecciona las palabras adecuadas. No es lo mismo decir “ciénaga” que decir “pantano”; tampoco es igual “bruma” que “niebla”. Cada palabra te ayuda a construir la atmósfera. Elígelas con cuidado.

  10. La importancia del título. Tenemos muy poco espacio para desarrollar nuestra historia y ya hemos dejado claro que cada palabra cuenta, ¿verdad? Pues tengamos algo de picardía y aprovechémoslas bien todas. El título es un espacio extra que puede resultar muy útil. Lo ideal: que sugiera, intrigue y arroje una nueva luz sobre el texto una vez se haya terminado su lectura.

  11. Una regla extra para escritores de cuento. Aunque ya nos salgamos de las 10 reglas del decálogo, nos queda un consejo fundamental para cualquier escritor que quiera dedicarse a escribir cuentos, aunque no tenga que ver con la escritura en sí: tenemos que leer cuentos. Si queremos entender cómo funcionan y cómo se escriben, es fundamental que los conozcamos. Hay que leer a Chéjov, a Horacio Quiroga, a Cortázar, a García Márquez, a Poe, a Borges, a Saki, a Ray Bradbury, a Bioy Casares, a Benedetti, a Monterroso… Tantos cuentos como se pueda.

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