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jueves, 12 de septiembre de 2013

Los trucos de los grandes escritores… Mario Benedetti

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia (Paso de los Toros, Uruguay, 14 de septiembre de 1920 - Montevideo, Uruguay, 17 de mayo de 2009), más conocido como Mario Benedetti, fue un escritor y poeta uruguayo, integrante de la Generación del 45, a la que pertenecen también Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, entre otros. Su prolífica producción literaria incluyó más de 80 libros, algunos de los cuales fueron traducidos a más de 20 idiomas.

Narrador, poeta, dramaturgo y periodista, Mario Benedetti se configura como un elemento de combate a favor de la Liberación de América Latina. Decidido partidario de la Revolución cubana, de la Sandinista en Nicaragua y de otros movimientos similares, entre los que se generan dentro de su patria, su obra se centra en la situación que vive Latinoamérica y también en el problema de exilio. Nació el 14 de septiembre en paso de los Toros, Departamento de Tacuarembo, República Oriental de Uruguay, pero su familia se traslada a Uruguay cuando tenía sólo 4 años de edad. De ahí que su obra literaria, así como sus personajes de ficción tenga influencia de la ciudad a la que se considera su cuna. Desde muy temprana edad nace en él, el gusto por la literatura; debido a una situación familiar muy precaria deja sus estudios y comienza a trabajar, desempeñándose como vendedor, taquígrafo, cajero, periodista, locutor, traductor, hasta funcionario público.



El contacto temprano con el trabajo, le permitió conocer a fondo una de las constantes que registran su literatura: el movimiento de las oficinas montevideanas. Su oposición a la dictadura de 1973 lo llevo al exilio, al igual que a miles de uruguayos. Esta situación lo hace residir en varios países latinoamericanos. Su obra es muy basta, y comprende muchos géneros literarios. Gran parte de su reconocimiento continental se debe a su poesía en la que se refleja el sentir del autor, tales como: la soledad, la tristeza, melancolía, nostalgia, inconformidad; reconocimiento también a su narrativa y a su labor como ensayista. Su primer libro publicado fue el poemario: La Víspera Indeleble (1945), al que le siguió la colección de cuentos que lleva por título: "Esta Mañana" (1949), su obra poética se reunió en el volumen "Inventario" (1978). Posteriores a esas fechas son los poemarios: "Cotidianas" (1979), "El Viento del Exilio" (1981). Su obra narrativa, que comprende varios títulos fue reunida en "Cuentos completos" (1970) y en "Todos los cuentos de Mario Benedetti" (1980). Ha publicado, además, "Primavera con una Esquina Rota" (1982), "Geografía" (1984); y las novelas "La Tregua" (1960) y "Gracias por el Fuego" (1965).

Benedetti considera que tanto el arte como la política, sin ser por eso los dos únicos provocadores de las mejores esencias del hombre: son dos factores muy importantes de esa incitación; la política según él, revela el sentido de la justicia; la literatura propicia un ahondamiento en el propio ser y también en su entorno. Estos dos caminos, según se aprecia en el pensar del escritor, a veces se unen o se cruzan; otras veces son rutas paralelas, pero así mismo, válidas.

Las obras son la consecuencia de darles vueltas mentales a un tema, a una anécdota, o simplemente a una técnica. Las obras del autor a veces nos sirven de estímulos; otras como provocación (o sea, para saber que uno piensa exactamente lo contrario). Esta se refleja citando parte del poema Los Árboles: "quien hubiera dicho que estos poemas de otros iban a ser míos"; "...quien hubiera dicho que estos poemas míos iban a ser de otros".

Una novela con más de cien ediciones, traducida a diecinueve idiomas y llevada el teatro, la radio, la televisión y el cine es "La Tregua" (1960). "El país de la cola de paja", reflexión de Benedetti sobre el Uruguay oficial, fue la denuncia y la toma de conciencia para una sociedad en crisis, cuya manifestación extrema sería el golpe de estado en 1973 con dolorosas secuelas.

En 1971 fue uno de los fundadores del verdadero movimiento de independientes 26 de Marzo, que integró más tarde el Frente Amplio, el cual fue reprimido por la fuerza. La Institución Científica Iberoamericana José Martí, decide galardonar a Benedetti por su obra humanista, que conlleva en todos sus trabajos como literato y en su quehacer como funcionario. Por ser unos de los grandes impulsores de las relaciones humanas, de la convivencia social y de la cultura filantrópica (04 abril 2001).

Mario Benedetti refleja en sus obras ser poseedor de una gran cultura adquirida dentro del ejercicio de su trabajo, ya que desde temprana edad abandona sus estudios para integrarse a la experiencia que proporcionan sus propias vivencias y que hacen de él un hombre de gran sentido humanitario. Nos permite apreciar desde su amplia perspectiva, la experiencia cotidiana que dan a sus múltiples obras un sello tan especial.

Mario Benedetti utilizaba varios métodos para darle vida y estilo a sus poemas:

Características de estilo:
  • Altera la imagen del objeto a través de la hipérbole, personificación entre otras figuras literarias.

  • Utiliza mucho el lenguaje coloquial; esto es porque él se identifica con sus lectores por este medio.

  • Todos los poemas de Benedetti tienen algo que ver con la vida cotidiana en la que cada uno de nosotros vivimos.

  • Los personajes que él utiliza son explícitos o tácitos.

  • El humor en sus poemas puede crear antídoto a la angustia.

  • La mayoría del estereotipo que él utiliza es social y político.

  • Los poemas contienen versos libres.

  • Su poesía es sospechosa, le gusta tener a sus lectores atentos a lo que pasara después en sus obras.

  • Benedetti se inclina a escribir para la clase media. Esto es porque, siendo él una persona de clase media, se identifica directamente con sus lectores.

  • Le gusta incluir un poco de humor en sus poemas, pero cuando se refiere a esto, trata de enlazar lo cómico y la patético con felicidad.

  • A Benedetti le gustaba mucho utilizar, también, las imágenes surrealistas. Esto le daba un toque todavía más único a sus poemas.



Estilo de lenguaje:
  • Uso del lenguaje lírico.

  • Uso del lenguaje heterodoxo que significa que inicia en segunda persona y finaliza en primera persona.

  • Uso del lenguaje sencillo, coloquial y estándar.

  • Nota importante: sus poemas han sido musicalizados por el uso del ritornello en varios de ellos.


Temas:
  • Melancolía

  • Pesimismo

  • Represión

  • Política

  • Condición humana

  • Vida cotidiana


Tono:
  • Tono poético

  • Tono humorístico

  • Tono impío

  • Tono filosófico


Remedios Mataix (www.cervantesvirtual.com) le define así:

"Mario Benedetti nació para la literatura en 1945 con su libro inicial, La víspera indeleble, emblema además de la andadura de la generación uruguaya que lleva el nombre de aquel año (como "la generación crítica", en palabras de Ángel Rama, se la conoce también), que tiene en nuestro autor una de sus más altas figuras literarias y que encontró su epicentro en el gran semanario Marcha de Carlos Quijano. Desde entonces, Benedetti ha desarrollado un trabajo intelectual que abarca todos los géneros y pone en práctica una amplia variedad de registros: él es el poeta de "Cotidianas", "Poemas de otros", "Viento del exilio", "Las soledades de Babel" y los demás libros reunidos en los sucesivos volúmenes de "Inventario"; es el gran novelista de "Quién de nosotros", "La tregua", "Gracias por el Fuego", "Primavera con una esquina rota" o "La borra del café"; el excelente cuentista de "Montevideanos", "La muerte y otras sorpresas", "Con y sin nostalgia" o "Geografías", y el dramaturgo de "El reportaje", "Ida y vuelta" o "Pedro y el capitán". Pero Benedetti es también el escritor político de "Crónicas del 71" o "Terremoto y después", el mordaz humorista de "Mejor es meneallo", el brillante ensayista de "El escritor latinoamericano y la revolución posible" o "La realidad y la palabra", y el intelectual comprometido (en todos los sentidos: un hombre de su tiempo que se niega a cerrar los ojos y dice lo que ve) artífice de esa trayectoria de lúcidas reflexiones sobre la literatura y la realidad que se inició con "Peripecia y novela" y el polémico "El país de la cola de paja", y se consolidaría con los imprescindibles "Articulario", "Literatura uruguaya siglo XX" y "El ejercicio del criterio", recopilaciones en las que no está todo, pero está lo que su autor considera fundamental.

La variedad de la obra de Benedetti desafía todo intento de clasificar al autor, y él ha enriquecido cada género que practica con la experiencia ganada en los demás. Pero en esa variedad de registros palpita una secreta unidad que da coherencia a su obra y otorga a la poesía, al ensayo, al artículo periodístico, a la narrativa y hasta a las letras de canciones, un inconfundible "estilo Benedetti", quizá porque sus diversos itinerarios parten de un mismo lugar: la vocación comunicante de su labor como escritor; ese término que -entre otros- la crítica literaria debe a Benedetti y que designa el interés por establecer un clima en el que el lector se sienta parte de un diálogo con el autor desarrollado en un plano de confianza mutua y recíproco aprendizaje. El propio autor dijo: "No escribo para el lector que vendrá, sino para el que está aquí, poco menos que leyendo el texto sobre mi hombro".

A ese lector Benedetti lo conquista literariamente para movilizarlo humanamente, y esa vocación comunicante es, tal vez, la característica que mejor define la obra del autor, no sólo porque nadie ha apelado con tanta frecuencia y tan explícitamente como él a ese "lector-mi-prójimo", sino además porque, en justa correspondencia, pocos poetas disfrutan de un público tan fiel y tan masivo, en el que se incluyen sectores habitualmente ajenos a la literatura. Y esa amplia resonancia es, indudablemente, un síntoma de buena comunicación.

Ahora bien: el empeño confesado por conseguir esa resonancia no se manifiesta a través de concesiones al facilismo, todo lo contrario. En su relación con el lector, Benedetti deja claro que el buen escritor ha de ser un "provocador", porque "cuando uno quiere a alguien -explica- es lógico que procure elevarlo y no disminuirlo, abrirle los ojos y no cubrírselos con una venda". Naturalmente, una comunicación de ese tipo exige utilizar un código fácilmente descifrable por el destinatario, de ahí que otro de los rasgos más llamativos de su escritura sea el lenguaje accesible, la sencillez sintáctica y la modalidad expresiva y estilística cercana al registro conversacional. Pero esa sencillez del lenguaje, también lo ha dicho Benedetti muchas veces, no es más que el instrumento de una actitud -lo cual es mucho más que una técnica literaria- cuyos antecedentes remonta el autor hasta esa obsesión por hablar claro que detecta en Antonio Machado y que define como "un modo peculiar y eficacísimo de meterse en honduras y de traernos desde ellas sus convicciones más lúcidas y conmovedoras".

La lectura de los numerosos artículos y ensayos que Benedetti ha publicado a lo largo de treinta años, da pruebas suficientes de cuál es la finalidad de ese instrumento, es decir, de la comunicación de qué contenidos, de qué honduras, interesa preocuparse. Pero, como comunicar es también seducir, persuadir, esta escritura comunicante no se limita a dar testimonio de una determinada experiencia, sino que, a mi juicio, se sustenta precisamente en la voluntad de crear las condiciones artísticas necesarias para que en el lector se reproduzca esa experiencia narrada por el escritor. Algo que Benedetti ha defendido siempre es que un escritor no termina en su obra, sino en sus actitudes, naturalmente porque él está moralmente capacitado para hacerlo. Sin duda esta circunstancia -el respaldo vital de la obra literaria- es otra de las características que podríamos incluir entre los elementos constitutivos del éxito del autor, indiscutible casi desde sus comienzos.

Por eso ya en ensayos tempranos como Ideas y actitudes en circulación (1963), Benedetti exponía algo así como un programa contra la literatura falluta (hipócrita, tramposa, servil), que establece la honestidad y la consecuencia como condiciones imprescindibles de la literatura comunicante. Por una parte, porque la única autoridad para ejemplarizar y movilizar a través de la comunicación de determinados mensajes -objetivo del esfuerzo estético- se la da al escritor una actitud que reafirme sus planteamientos escritos, y no que los contradiga en la práctica; por otra parte, porque sólo a partir de la propia experiencia, de las propias dudas y certezas más sinceras, puede disponer el autor de un registro que no suene escandalosamente a falso y que sea capaz de interesar a un lector que quizá se hace las mismas preguntas o trata de explicarse los mismos enigmas.

Estos mismos temas centran muchas de las reflexiones de los ensayos de Benedetti, en los que analiza las relaciones entre acción y creación literaria, estudia las posibilidades y la utilidad de estrechar los vínculos con el lector, y se plantea inquietudes relacionadas no sólo con el hacer, sino sobre todo con el querer hacer del escritor, con sus intenciones. Éstas, según sugieren sus textos, están relacionadas con la práctica de un tipo de comunicación en la que el escritor debe enfrentar una doble responsabilidad: la artística, es decir, el compromiso con la calidad estética de su obra, por un lado, y por otro, inseparable, la responsabilidad que conlleva la presencia ineludible del prójimo y el compromiso que voluntariamente ha contraído con él, en el que se reafirma a menudo, por ejemplo, con versos como éstos:

me consta y sé
nunca lo olvido
que mi destino fértil voluntario
es convertirme en ojos boca manos
para otras manos bocas y miradas


Esta intención confesada de ser voz, pero además intentar ser portavoz, se traduce en la puesta en práctica de un registro de escritura que activa la complicidad (otra de las nociones fundamentales de la poética de Benedetti), estrategia que permite al lector descifrar un guiño, reconocer indicios de afinidad, y así, iniciar o consolidar un vínculo afectivo con la obra. Ahí empezaría lo fundamental, pues ya en un ensayo de 1967 sobre Rubén Darío, nuestro autor planteaba que la prueba infalible que permite reconocer a los grandes creadores es que éstos "nos conmueven, en el intelecto o en la entraña, y, al conmovernos, nos cambian, nos transforman", aclarando así de qué comunicación nos habla y de qué honduras interesa ocuparse. Parece claro: la capacidad de acción de la creación literaria depende de su capacidad de persuasión y la comunicación se establece para la "transformación" del lector. Para Benedetti, la acción (que sobre todo es acción mental) está provocada por una obra que formula preguntas, siembra dudas y moviliza rebeldías; esa acción mental, dice, "puede suponer el desenlace de la contradicción interna, la solución de la controversia, un paso al frente, o hacia atrás, pero siempre un movimiento decisivo", porque gracias a ella se comprueba la validez o la caducidad de los presupuestos mentales, de las opiniones, de los principios. Y esa acción es también un modo muy efectivo de seducción artística, porque el lector no puede más que sentirse atraído por algo que lo ayuda a definirse mejor. "Esa extraña operación de franqueza -intuye- tiene, indudablemente, un atractivo muy particular para el lector, y no creo que aquí pesen los tan comunes ingredientes de una enfermiza, escudriñante curiosidad: no, simplemente se trata del interés que despierta toda experiencia humana auténtica. Hay un lector que de algún modo se inscribe como testigo, como destinatario, como interlocutor".

Creo que la confluencia en ese punto de todas las vertientes de su obra es lo que hace de Benedetti un autor comprometido, sin duda, pero sobre todo comprometedor. Quiero decir: su obra consigue establecer una situación interpretativa en la que el registro utilizado elimina las distancias e invita al lector a sentirse destinatario y conmovido por un mensaje para el que se produce una inmediata atribución de significados personales; un mensaje que lo compromete por entero, «en el intelecto y en la entraña», como diría él, porque el ejercicio de su lectura no sólo pone al lector en comunicación con el autor, sino especialmente consigo mismo. Y conviene recordar al respecto que esa noción de compromiso adquiere en la obra de Benedetti proporciones muy amplias, que abarcan desde el significado más estrictamente político hasta el sentido más "elemental"; es decir, el compromiso entendido básicamente como la voluntad de cumplir y exigir cumplimiento de la palabra dada; el compromiso entendido como deseo de rescatar lo auténtico, oculto a veces bajo diferentes formas de estafa oficial o individual, porque también el propio individuo con demasiada frecuencia se estafa a sí mismo. En resumen: el compromiso -ese "convaleciente"- se traduce en la obra de Benedetti como "un estado de ánimo" y se ofrece como antídoto contra la instalación del engaño, la frivolidad y la hipocresía en zonas de importancia vital. Por eso su lección de autenticidad se aplica, por supuesto, a lo político y lo social, pero se concreta también, o sobre todo, en la intimidad del ser humano. Surgen entonces los poemas de amor con trasfondo político y esos otros poemas tan característicos, de un fuerte contenido político, pero que también acaban siendo canciones de amor. Sobre estas confluencias bromea (pero opina) el autor:

"No creo que haya en esto una contradicción, porque la política es también una forma del amor (aunque no viceversa). Hay que aventar cierta mentirosa imagen que suele presentar al luchador político como un ser tan riguroso en su disciplina, que es incapaz de amar como cualquier hijo de vecina, e incluso a la hija del vecino, sobre todo si está bien de piernas e ideología. El amor no es un artículo suntuario, sino una necesidad vital del ser humano. Y no pensamos avergonzarnos de semejante realismo".

De semejante realismo surgen también algunas de las más hondas preguntas de Benedetti, al azar, al lector o a sí mismo; otros temas, como la reivindicación del optimismo, las diferentes Terapias propuestas contra la tentación del precipicio, la invitación a rescatar de la clandestinidad esa "vieja costumbre de sentir" (otro de los derechos humanos fundamentales, recuerda el autor), y otros muchos temas de difícil clasificación, que responden también a los presupuestos de una práctica literaria donde todo parece confluir hacia el reclutamiento del prójimo-lector para un nuevo humanismo practicado sin rubores, por el que, además de una ideología aceptable, se pueda obtener conciencia, sensibilidad y osadía suficientes para responder ante cada coyuntura de la realidad con un sentido más lúcido y más vital de lo que ocurre. Es lo que él llamó "la reforma anímica (o sea, del ánimo y del ánima)".

El poder de seducción que ejerce sobre sus lectores esta escritura comunicante a través del fondo de verdad emocional de sus personajes, de las preguntas que a menudo plantean sus versos y de la hondura de sus reflexiones, da como resultado una resonancia que anula distancias geográficas o generacionales. La obra de Benedetti es esencialmente uruguaya, montevideana, sí, pero no sólo es eso: ha logrado universalizar la experiencia de un tiempo y un lugar específicos, partiendo quizá de sus prójimos más próximos, pero ahondando, con la destreza de quien sabe hacer que nada humano le sea ajeno, en las preguntas que a todos nos aluden y en los enigmas que a todos nos conciernen: el amor, el dolor, el miedo, la alegría, el odio, la envidia, la amistad, la soledad, la plenitud, el tedio. Por eso Benedetti es de los autores más leídos en todos los países de nuestro idioma, además de en innumerables traducciones: su obra recorre todas las edades humanas, y ningún sentimiento ni circunstancia son extraños al poder de su escritura. "Ha escrito lo que muchos sentíamos que necesitaba ser escrito -resume José Emilio Pacheco-, de ahí la respuesta excepcional y acaso irrepetible despertada por sus libros".

NO TE RINDAS... de Mario Benedetti

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo... te quiero.

1 comentario:

  1. Un acertado comentario que nos acerca a la obra de un escritor sencillo y monumental. El poeta de las cosas cotidianas, de la hermosa sensación de tener a alguien cogido de la mano, de abrazar con el alma al amigo, al compañero. En un exilio vivió en Lima de la forma más invisible, pese a su tamaña estatura literaria.

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