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viernes, 27 de septiembre de 2013

Los trucos de los grandes escritores... Jorge Luis Borges

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, más conocido como "Jorge Luis Borges" (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 – Ginebra, 14 de junio de 1986) fue un escritor argentino, uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y en el pensamiento universal, y que además, ha sido objeto de minuciosos análisis y de múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye todo tipo de dogmatismo.

Es considerado uno de los eruditos más reconocidos del siglo XX. Ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, dramas teológicos, invenciones geometrías y recuerdos inventados son parte del inmenso paisaje que las obras de Borges ofrecen tanto a los estudiosos como al lector casual. Y sobre todas las cosas, la filosofía, concebida como perplejidad, el pensamiento como conjetura, y la poesía, la forma suprema de la racionalidad. Siendo un literato puro pero, paradójicamente, preferido por los semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece —a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía— una obra que hace honor a la lengua española y la mente universal.

Ciego desde los 55 años, personaje polémico, con posturas políticas que le impidieron ganar el Premio Nobel de Literatura al que fue candidato durante casi treinta años.

Con el paso del tiempo se ha ido haciendo cada vez más difícil ser un lector de Borges “en el sentido ingenuo de la palabra”. Todos creen encontrar en cada frase, y aún en cada palabra de sus cuentos, los más sofisticados e intrincados mensajes y sub-mensajes, lo que es objeto de novedosas interpretaciones y contra-interpertaciones.

Las claves

Según Borges, en literatura es preciso evitar:
  1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o de personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etc.

  2. Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.

  3. La costumbre de caracterizar a los personajes por sus manías, como hace, por ejemplo, Dickens.

  4. En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.

  5. En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.

  6. Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.

  7. Las frases, la escenas intencionadamente ligadas a determinado lugar o a determinada época; o sea, el ambiente local.

  8. La enumeración caótica.

  9. Las metáforas en general, y en particular las metáforas visuales. Más concretamente aún, las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.

  10. El antropomorfismo.

  11. La confección de novelas cuya trama argumental recuerde la de otro libro. Por ejemplo, el Ulysses de Joyce y la Odisea de Homero.

  12. Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.

  13. Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.

  14. En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo, evitar el psicoanálisis.

  15. Las escenas domésticas en las novelas policíacas; las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos.

  16. Evitar la vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio.

Muchos tenían a Borges como una persona excéntrica, pero en realidad ¿qué genio no lo es? Maria Kodama, su viuda, cuenta una anécdota que le pasó con un periodista español: “Dígame, Borges. ¿Alguna vez probó drogas?”. El periodista de La Razón esperaba una confesión que, de existir, podría ser el título de su nota. Borges respondió: “En varias ocasiones intenté fumar marihuana, pero siempre fracasé. Finalmente opté por quedarme con las pastillas de menta”. ¿Qué os parece a vosotros?

1 comentario:

  1. Magnífico, sobre todo si se piensa que Borges no gustaba de trazar crucigramas a su vida y menos a las de los demás.

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