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viernes, 27 de septiembre de 2013

Lo que nadie te ha contado sobre... Dan Brown

El prestigioso e imparable autor de "El código Da Vinci" regresa con su nueva obra "Inferno", la que promete reavivar las llamas de la polémica. El novelista confiesa que únicamente le preocupa mantener el anonimato. "Si alguien me reconoce por la calle, respondo en ruso y me dicen: “Usted perdone"”.

Con más de 81 millones de libros vendidos, Dan Brown se ha convertido en uno de los autores más exitosos de nuestro tiempo. “El código Da Vinci” (2003), esa idea que involucraba a Jesucristo con María Magdalena, el sexo, la Iglesia católica y un secreto oculto en los cuadros de Leonardo Da Vinci, lo catapultó a la fama.

Rodeándose de un área de secretismo y plena intimidad, el escritor suele desaparecer en su hogar de Exeter para volcarse completamente en sus libros.

Dan Brown siempre buscó convertirse en alguien importante y tras abandonar la música, decidió probar suerte con la escritura manteniendo su objetivo siempre en mente.

La principal influencia que le sacaría del negocio discográfico, resultó ser su futura mujer, a la que conoció en los Ángeles en 1991, y que llegó a escribirle las notas de prensa: "Creemos que Dan Brown es un artista destinado a convertirse en un gran talento. Este disco suyo original bien podría ser con los años en un objeto de coleccionista", dije en relación a la grabación de su penúltimo álbum.

Brown se dejó llevar por el amor de su vida, una mujer "inteligente, divertida, creativa" que, según dicen las biografías no autorizadas, le controlaba y le controla desde la sombra. Tras comprender ambos que el futuro de Brown no transcurría paralelo a la música, éste decidió entregarse por completo a la literatura. En esos momento comenzaron a surgir las curiosidades más llamativas del proceso creativo de Brown, en las que se comenta que empieza a escribir de madrugada y que se detiene cada hora para hacer una serie de estiramientos, abdominales y flexiones. "Lo hago desde hace muchos años de un modo natural, sin necesidad de despertador. A veces pienso que debería dormir más, pero al cabo de unos minutos tengo tantas ideas que no me queda más remedio que levantarme. El despertar es el momento ideal para crear. El mundo de los sueños es lo más próximo a la ficción".

También es cierto ese otro hábito que dejó a muchos perplejos: su costumbre de colgarse del techo para poder concentrarse y deshacer la madeja de sus tramas literarias. "Lo hago todos los días. Es maravilloso para la columna vertebral y para el riego sanguíneo. Y además da una perspectiva distinta del mundo. Ayuda a pensar desde otro ángulo", dijo. Pero pese a su tenacidad y perseverancia, aún está lejos de conectar con muchos de sus colegas de profesión.

La crítica no parece haber asumido la obra de Brown con el mismo entusiasmo que sus fieles seguidores, dedicándole frases tan contundentes como "uno de los peores estilos de prosa de la Historia de la Literatura" o “un libro tan malo que convierte a los libros malos en buenos”.

Lorenzo Silva, ganador del Premio Planeta 2012, considera a Brown un autor "precocinado y prefabricado”. El autor comenta: “Entiendo que quiera preservar su intimidad con ese aura de inaccesibilidad que emana, pero creo que esa nebulosa forma parte del personaje multimedia que han fabricado a su alrededor. Más que un escritor, es un producto. Jamás he visto una foto normal suya, una en la que esté despeinado o esté caminando por la calle".

Brown admite que siempre procura pasar desapercibido para que nadie le reconozca. "Me calo una gorra de béisbol y me pongo unas gafas oscuras. Si alguien me reconoce, respondo balbuceando unas palabras en ruso y me dicen: “Usted perdone””.

Para Marisol Schultz, directora de la feria del libro de Guadalajara, en México, el éxito de Brown es más una moda pasajera que literatura como tal. "Libros como los de Brown son fenómenos editoriales, obras que no necesariamente son de altura literaria, pero que por alguna razón que no entiendo del todo se vuelven un éxito absoluto, convertidos en una moda contagiosa".

El autor tampoco es demasiado popular entre el colectivo de los historiadores. Diane Apostolos-Cappadona, profesora de Historia del Arte de la Universidad de Georgetown en Washington y especialista en la figura de María Magdalena, se volvió célebre desguazando las teorías de Brown. La historiadora admite que ha leído y tirado a la basura todas sus novelas, irritada por el hecho de no poseer "conocimiento alguno" de Historia del Arte ni tener un equipo de investigadores, como Brown llegó a sostener y tuvo que reconocer tras ser demandado por plagio.

Todas estas anécdotas acaban formando parte del complejo entramado que Brown ha ido construyendo con el tiempo. "Crecí en una casa donde los acertijos y los códigos eran una forma de divertirnos", recuerda. "En la mañana de Navidad, cuando la mayoría de los niños encontraban sus regalos debajo del árbol, mis hermanos y yo nos topábamos con un mapa del tesoro con códigos que teníamos que seguir de habitación en habitación para, eventualmente, dar con los regalos escondidos en alguna parte de la casa".

Y es que tan particular y creativo sistema estaba fomentado por su padre, el ilustre y prestigioso profesor de Matemáticas Richard Brown, autor de uno de los libros de texto más reconocidos de la materia en Estados Unidos.

El punto álgido del aspecto académico le llegaría varios años después, durante su estancia en Sevilla, en cuya universidad hizo un curso de Historia del Arte en 1985. "Entonces fue cuando entendí por primera vez La última cena de Leonardo como lo que realmente es, un fresco lleno de códigos. Lo mismo ocurre con la Mona Lisa, cuando la miras y te preguntas por qué sonríe, estás tocando solamente la superficie", dijo.

Ha sido esa misma imaginación, combinada con el aspecto esotérico y la provocación abierta a la Iglesia de Roma, lo que han hecho ganar a Dan Brown la fama y dinero que en la actualidad posee. Se calcula que tiene al menos doscientos millones de dólares como fortuna personal (la misma cifra que las ventas globales de sus libros, a fecha de 2012) , una cantidad que, de acuerdo a su editor, no le ha cambiado en esencia. El interés de Brown se basa únicamente en la satisfacción de que la gente siga leyendo sus obras y de continuar perfeccionando continuamente el arte de la provocación.

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