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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Lengua que arde: el lenguaje de lo excitante, por Virginia Lancha Alba

Escribir con el ánimo de revolver los fuegos dormidos es lo que tiene, que da para mucho, pero en algún sitio hay que cortar.

Se me ocurre cerrar esta pequeña colección de consejos sobre literatura erótica, tratando el tema del lenguaje. Ni picha ni evanescencia. Como en los artículos anteriores, cuestión de lineas finas que cruzar. Matices por doquier. ¿Qué como lo hago yo?. Pues os lo cuento: mezclo.

El secreto del lenguaje erótico radica en resultar lo suficientemente explícito como para que el lector sepa en cada momento de qué estamos hablando, así como evitar lo explícito en exceso para no caer en lo vulgar, sin dejar de usar palabras soeces justo en el momento adecuado (yo lo recomiendo especialmente en el diálogo). Y como el movimiento se demuestra andando, os dejo un pequeño:

" .... suspiró mientras se arqueaba otro poco, buscándole, estirando los brazos con el improbable objeto de alcanzar la pared pintada en verde oliva, la axila húmeda con residuos del desodorante matutino, la nariz de Paul perdida en las secreciones propias y las de ella, más dulces e intensas, descendiendo la mano por su perfil, urdiendo una trama para rasgar sus defensas, bajando, bajando y anclando sus dedos en la delgada línea de vello hirsuto que le reclama con premura, una orquídea blasfema, las cuerdas de un laúd que ansían ser rasgada. Viscoso, caliente. Muy caliente y muy profundo. Un gemido, otro, una lengua que busca la ajena lambisqueando en los recovecos; una mano que se posa en otra empujando, forzando la entrada predecible en ella que le trepa por la cadera hasta que le encuentra en todo su esplendor y le acoge en su interior con un nítido balanceo, calmo en principio, loco al minuto, forzando la máquina hasta que no aguanta más y se rinde con una súplica de niño antes de estallarle dentro. Luego se para sin forcejeos y resuella antes de zafarse de la presa, como un niño malcriado que ni tan siquiera le ha esperado.

-¿Y yo qué? -protestó ella.

-Haber estado más viva, reina -susurró él antes de quedarse dormido y ella en seguida y a su lado."

"A contrapelo, Editorial Vivelibro 2013"


Reglas básicas:
  1. Todo se puede decir, pero es mejor insinuar. La metáfora nunca cobró mas sentido. Referencias florales, a los sentidos, a objetos cotidianos y la forma de manipularlos, suele funcionar bastante bien.

  2. Las expresiones coloquiales o vulgares, mejor en los diálogos.

  3. El límite está en el diccionario... Y NO SIEMPRE. Viva el metalenguaje.


Y ahora vamos, ¿nos lanzamos?. Probad a escribir con lengua picante y tinta de jalapeño y si queréis, me lo contáis. Estoy a vuestra disposición en acontrapelo2013@hotmail.es.

Virginia Lancha Alba

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